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Me forme en profesiones de ayuda, y dedique mi labor profesional a compartir sufrimientos y alegrías, ejercí como CUIDADOR, inventé espacios de placer como ANIMADOR SOCIOCULTURAL, busque recursos bajo los adoquines como TRABAJADOR SOCIAL, participe como EDUCADOR SOCIAL a la transformación de la realidad, FORME en cursos donde aporté mi experiencia y conocimientos, con el fin de que surgieran excelentes profesionales, ESCRIBÍ manuales sobre discapacidad y mediación, y EJERZO COMO ACOMPAÑANTE PSICOLÓGICO, TERAPEUTA TRANSPERSONAL, QUE APORTA TÉCNICAS DE MEDITACIÓN PARA EL ENCUENTRO PERSONAL CON SI MISMO, Y EXPRESO SENTIMIENTOS EN MIS ESCRITOS, SURGIDOS DE LAS HISTORIAS RECIBIDAS Y DE LA EXPERIENCIA DE VIVIR.

domingo, 13 de marzo de 2011

Mi visión sobre el trabajo social

El trabajo social es una profesión que nace con la firme voluntad de ayudar a las personas en sus conflictos con la sociedad. Conflictos que se denominan desajustes sociales, marginación, exclusión social, entre otros términos, pero que no dejan de ser conflictos, que acaban sufriendo las personas, y las familias a las cuales pertenecen. También viven las consecuencias los empobrecidos barrios.
Surge de un intento de lograr armonizar la sociedad, donde toda persona pueda desarrollarse y participar activamente en ella, contrariando las ideas del darwinismo social que algún intelectual promovía, llegando incluso a plantear en el siglo XIX la necesidad de que murieran una parte de la población ante la escasez de recursos, obvia decir que estos intelectuales (muy liberales ellos) formaban parte de la élite dominante, poseyendo gran parte de esos recursos, y que culpaban a los borrachos, pobres y demás marginados de su situación, puesto que la sociedad era perfecta. y aunque el origen de la profesión no logró escapar de esta corriente de pensamiento, puesto que si bien ayudaban a las personas no cuestionaron las causa de la exclusión social, al menos consideraron que el individuo podía y debía participar en la sociedad.
El desarrollo de la profesión llega a una fase importante con la reconceptualización surgida en los movimientos de iberoamérica, que cuestiona el modelo imperante hasta entonces y abre un nuevo paradigma en que se visualiza las fuerzas sociales como parte de la marginación social, y comenzando a intervenir en las comunidades. Este paradigma asume el principio de justicia social, necesario para intervenir. Porque el trabajo social, muy al contrario de lo que se ha difundido entre algunos profesionales y la sociedad, no somos meros gestores de recursos, no somo una profesión administrativa de recursos, sino que actuamos en el límite de lo psicológico y lo social. Porque los problemas psicológicos siempre acarrean un problema social, si no son causa de una estructura social injusta, que excluye a las personas, ya no solo por religión, sexo, raza, o ideología, sino por cuestiones económicas, por no poseer las cualidades adecuadas a un sistema económico imperante, basado en la competitividad y no en la cooperación, un sistema que organiza la vida hasta parámetros que se contradicen con la diversidad y la libertad plena, no solo de poder expresar una opinión, sino de renunciar a la uniformidad mostrando quienes somos. Que es lo que al fin de cuenta significa la autodeterminación individual.
En ese límite complicado actúa la profesión, y digo complicado porque se ejerce una labor de mediadores entre el ente difuso de la sociedad, compuesta por todas las personas que la integran, a la cual se ha de decir que aspectos de su organización generan, reproducen y mantienen los problemas sociales, y el individuo al que hay que ayudarle a responsabilizarle de su vida, puesto que la persona también es correponsable de lo que le ocurre, al realizar actos que le pueden conducir a una situación de marginalidad, o como quien ha de decidir que hacer con su situación (se que se puede pensar que en el paso del paro la clase trabajadora poco responsabilidad tiene si, como es el caso, ante una crisis económica que no genera se merma el tejido productivo, pero si es cierto que ante esa situación puede ofrecer algún acto para mejorarla, como pueden ser las huelgas o reciclarse. y no es menos cierto que se ha de participar activamente en la sociedad, mediante las diversas asociaciones, tema que abordaré en un futuro artículo).
En la frontera del encuentro entre sociedad e individuo estamos, entre lo colectivo y la identidad personal. Con los recursos que se encuentre en el momento histórico, y con la voz nuestra, nunca de los que no la poseen porque no existe nadie que no posea voz propia, siendo nuestra labor ofrecer espacios para que todas las voces puedan ser oídas.
El trabajo social no sol se enfrenta a la depresión de quien no puede estudiar por falta de material, sino que denuncia el motivo de la falta de material, procura que las personas accedan a él, siendo vistos por una corriente de pensamiento como un gasto superfluo, generador de inflacción y no productivo, porque el bienestar y la felicidad no son valores en esa corriente de pensamiento, por más que digan que sí. 
Siendo exigidos por unos y otros. unos para que les demos sus recursos, otros para que la marginación no se rebele ni obliguen a transformaciones sociales.
Trabajamos para la sociedad y el ciudadano o ciudadana (quien tiene derechos, significa esta olvidada palabra) creyendo cada vez menos en la justicia social, aunque fuese el motor de la profesión. Creyendo cada vez menos en las posibilidades de transformación social, aunque fuese el objetivo que impulsaba la justicia social. Porque sin transformación social no se erradica la marginación social. Atrapados en al burocracia de los servicios sociales, o en la precaridad de los servicios privatizados a empresas con ánimo de lucro, obviados por otras disciplinas sociales, y apartados de la toma de decisiones en política social. Siendo imprescindible, cuando más necesaria es la profesión.



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